sábado, 16 de febrero de 2013

Despierto un nuevo día y el calor se apodera de mí. Su calor. Está ahí, con los ojos cerrados, el rostro relajado y, tal vez, con un inicio de sonrisa en los labios. Se le ve tan frágil, tan vulnerable... Acaricio suavemente su mejilla y suelta un pequeño gemido, pero no abre los ojos. Sé que le encanta que haga eso.
Podría pasar horas observándole dormir. Es el único momento del día en el que se le ve realmente relajado. Su respiración lenta, sus labios entreabiertos. Paso el dedo por su labio inferior y sonríe. Se ha despertado. Poco a poco abre los ojos y me mira. Sus preciosos ojos azules se oscurecen y me mira divertido.

- ¿Qué hacías?
- Observarte. -Un pequeña sonrisa aparece en sus labios y deja entrever sus preciosos dientes blancos. - Podría pasar toda mi vida observándote.
- Hazlo.
- ¿¡Qué!? - De pronto la sonrisa desaparece de mis labios. Me mira serio y susurra:
- Cásate conmigo.


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