lunes, 23 de enero de 2012

Tenía que hacer alfo antes de que diera conmigo.
Si con la poca luz que entraba no podía apreciar bien por donde iba, sin luz estaba perdida.
De pronto escuché un ruido desde el otro lado de la habitación. Parecía que conocía el paradero de mi agresor. Ahora el ruido se oyó más próximo a mí, se estaba acercando.
- Sé que estás ahí. - Dije con un tono falso de seguridad.
Cada vez que acercaba más. - No te acerques, estoy armada. - Mentí. Sentía como el miedo se apoderaba de mí.
- ¡Bú! - Apareció por el lado contrario del que lo esperaba. - Tan mentirosa como siempre. - Noté como acercaba sus labios a mi oreja desde detrás de mi hombro izquierdo. - No sabías donde estaba. - Encendió una vela y la utilizó para enfocarme la cara. - Eres tan guapa... ¿No era esto lo que querías? ¿Una cita a la luz de la luna con el hombre de tu vida?
- ¿Y por qué se supone que tú eres 'el hombre de mi vida'? - Dije con cierto sarcasmo.
El me apretó contra él y rió. - Yo te lo digo. Voy a ser el hombre de tu vida, porque voy a ser el único hombre de tu vida. - Me estampó contra la pared y vi en sus ojos el deseo que él en mí jamás podría producir.

2 comentarios:

  1. Esa sensación. El deseo es uno de los peores sentimientos cuando no es correspondido...

    ResponderEliminar
  2. uff.... muy duro el relatito. Y muy bien escrito. Consigues que haya sentido hasta nauseas solo de imaginarmelo =)

    ResponderEliminar